Peñíscola: entre mar y muralla

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Su playa es amplia. Cuando se acerca la hora de la caída del sol, te da la sensación de caminar y caminar y tener muy lejos el mar. Al mojar los pies sientes la arena más suave, fresca y  con aguas poco profundas. Caminar otro tramo es necesario para que el agua nos llegue a las rodillas. No hay olas, sus aguas son tranquilas y armoniosas. Puedes ver a una gran parte de Peñíscola desde su playa. Allí donde la vigila el castillo y la abraza la costa. Donde se encuentra uno de los últimos humedales del Mar Mediterránea. Un ecosistema privilegiado.

En la colina se encuentra su historia. Una muralla construida en diferentes periodos que la decoran y la resguardan. Ciudad de viviendas blancas, con puertas decoradas de macetas de colores, acostumbrada a la brisa y con mucha historia. En Peñíscola se asentaron, probablemente, los fenicios, después los griegos y más tarde llegarían por mar cartagineses, romanos, bizantinos y árabes. Todos han dejado su huella en esta tierra valenciana.

Hace más de ocho siglos se construyó el Castillo Templario. Los escudos esculpidos en piedra en la cima de la puerta de acceso al castillo, hablan de frey Berenguer de Cardona, que era el Maestre de la Orden del Temple en Aragón y Cataluña y frey Arnaldo de Banyuls.  Un castillo que también recuerda un episodio religioso, pues fue casa del Papa Luna, Benedicto XIII, (1328 – 1423), considerado hoy en un día un antipapa por no dejar su cargo cuando se le fue propuesto y se llegaron a tener tres papas simultáneamente.

Peníscola es un puerto de turismo nacional principalmente, muchos españoles utilizan este rincón cerca de Valencia y Barcelona como un rincón familiar para el verano. Es común que los padres de algunos cuenten con su casa en el casco histórico, que salgan a pasear al Parque de Artillería, donde hay una zona de casamatas y polvorines rodeados de jardines. O vayan a pasear a sus invitados al Museo de la Mar, con exposiciones sobre la pesca y la navegación en la ciudad desde la antigüedad; visitar el Bufador, una gran brecha entre las rocas por la que respira el mar en los días de temporal y que su estornudo de moja de brisa; Muchos son los que pasean por la costa privilegiada, muy cerca de los últimos 14 kilómetros de costa virgen en el Mediterráneo desde Francia hasta Cabo de Gata, en Almería.

Desde enero de 2013, Peñíscola forma parte de la red los pueblos más bonitos de España y no es de sorprenderse con esa península rocosa que en su origen estuvo unida a la tierra y ahora solamente por un istmo de arena que no perdona el disfrutar de los veranos.

Se nota el verano en Barcelona cuando…

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Se nota el verano en Barcelona .jpg

La dinámica de Barcelona durante todo el año es activo. En temporada de lluvia o en el sofocante calor, la ciudad siempre está siendo recorrida por turistas, siempre. Pasean por Rambla Catalunya, entran al Mercado la Boquería, recorren las tiendas de Paseo de Gracia, cenan en la Plaza Real y compran artesanía en la Rambla del Raval. Es una ciudad con opciones. Sin embargo, hay una temporada del año que moviliza al máximo a Barcelona: el verano.

Se nota que ya llegó el verano en cuando:

  • En el metro cada vez se escuchan más idiomas, vas más apretado y se vuelven intransitables algunos pasillos. Ya no hablemos de los olores. Los turistas se dejan ver cuando al subir por las escaleras eléctricas se quedan parados de lado izquierdo, bloqueando el paso para los que suben. Tampoco caminan por la derecha y muchos, al ir en grupo abarcan el espacio completo.
  • Los carriles de la bici se vuelven invisibles. El carril sobre carrer Provenza, Rambla del Raval, sobre Gran Vía en el tramo de Paseo de Gracia y Rambla Cataluña, no hay campana que haga reaccionar a los transeúntes. Tienen que llegar refuerzos para hacer el sonido insoportable y entonces, hacerlos reaccionar. Todo es culpa de Gaudí y sus diseños maravillosos por todas partes.
  • La Rambla. ¿Qué sería de Barcelona sin La Rambla de Catalunya? es parte del paso de los que vienen o van de fiesta, salen de ver un juego de fútbol en algún bar, van al teatro o a buscar dónde cenar. Es un pasillo de las Naciones Unidas. Todo tipo de personajes circulan por esta calle que en verano, se acumulan de tal forma que apenas y puedes caminar. Pasar a las 3 de la mañana sin alcohol es una tristeza, con alcohol eres parte del desastre.
  • No existe actividad que no requiera que hagas fila para entrar. Ya no hablemos de conciertos o festivales. En verano haces fila en los cajeros automáticos, en los mercadillos, haces fila para comer o para cenar, para comprar un agua, para subir al bus…
  • De pronto te tomaste un café por más de 2 euros. Claro, estoy en el centro y en terraza. Café con hielo… que es verano.
  • Si la parte de la ciudad en la zona centro tiene a La Rambla, la zona de playa tiene a la Barceloneta. Más piel, más colores de piel, muchas sombrillas y sol. Un sol que puede estar presente hasta las once de la noche. Chiringuidos, pakis vendiendo cerveza – beer, ciclistas, patinadores, exhibicionistas, familias, guapos… Guapos.
  • No tengo mariscos pero tengo salmorejo y gazpacho. Ambos son cremas frías a base de tomate. La principal diferencia es que al gazpacho se le añade agua y el salmorejo tiene más proporción de ajo Ambos típicos de Andalucía pero que tiene presencia en toda Cataluña y lo agradezco mucho.
  • Clara, cerveza o tinto de verano. ¿Hay algo más para tomar en verano? ¿Tengo que escoger? Tinto de verano, sin duda.
  • Son las once y el solaso. Aún me cuesta acostumbrarme, ¿es hora de comer o es hora de cenar? ¿nos vamos o le seguimos?

Sea como sea, este segundo verano en Barcelona me recuerda el nivel de atracción que tiene la ciudad. Lo rico que es moverte en bicicleta, el tener festivales de música, gastronomía; museos y museos, calles y calles para caminar, parques y bancas para disfrutar. El verano ya llegó, aunque con nubes, pero llegó y con ello también, sus consecuencias.

 

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¿Perdón? ¿Mande?

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Perdon - Mande

-          ¿Me pasas la sal?

-          ¿Mande?

-          Ja, ja, ja.

Ah, claro, el mande causa gracia. Y decir salud después de un estornudo es demasiada educación. No me hables de usted, me dijo un profesor, hace años que un alumno no me llamaba profesor o maestro. ¿Cómo que a la orden? Un día llegué con un grupo de amigos y después de saludarlos, uno me pregunta: ¿por qué saludas a todos de beso? Claro, mi respuesta fue un ¿mande? Y alguien dice: es que en México son muy amables.

Lo primero que viene a mi mente son los constantes regaños de mi madre diciéndome una y otra vez que a las personas mayores se les habla de usted, no hay que ser igualados. ¿Cómo que, qué? Se dice: mande. Si te vas a te retiras de un círculo de personas, se dice con permiso. Cuando tienes visita es un pasa, ésta es tu casa. Después de ti, a tus órdenes, dígame. Expresiones que son sinónimo de una buena educación basada en el respeto, en la cordialidad y en la amabilidad.  

Mis expresiones están acompañadas de esa “amabilidad y respeto”. ¿Me puedes traer un café, por favor? Perdón, te encargo la cuenta, por favor. Disculpa, ¿me das tu hora? Buenas tardes. Con permiso, voy a pasar. Señora, disculpe, una pregunta, ¿la silla está ocupada? Muchas gracias, con permiso, buen día, hasta luego. Si, mira, te voy a pedir dos tacos de asada, por favor. ¿Tienes fanta? Ah pues dame una, gracias. Si, gracias.  

¿Qué pasa en Europa? Más concretamente en España, ésta amabilidad tiene otra percepción. No soy precisamente amable, soy sumisa y puedo llegar a ser agachada o mansa. No sólo se ríen del mande que es un ordéname, y no porque sea gracioso, sino que les hace gracia, que no es lo mismo. No dicen gracias después de un salud y no dicen salud. Las damas primero es anticuado y no dan beso a cada uno de los amigos, no por groseros, no porque no exista cariño, es un hola general y ya. Si le hablo a un mesero y le digo, joven o señorita, no voltean. Pedir una servilleta en un café no viene acompañado de un ¿desea algo más? Dejan caer la servilleta en la mesa, incluso sin voltearte a mirar. Insolentes, majaderos dijera mi madre.

La raíz del mande y de esa amabilidad, nos habla de una historia. Si, han pasado más de 500 años pero sigue formando parte de un gran inconsciente colectivo. Desde que vivo fuera de México, cuando regreso siento ese calor, esa amabilidad y regreso a España y aún más consciente, ganan los regaños de mi mamá por no decir mande y gracias. 

Algo similar sucede con el perdón, usado como un primo del mande y que en ocasiones no es pedir perdón, es una coma en una frase, un punto, es decir, tiene una raíz comunicativa que fuera del entorno mexicano se puede volver incómoda o un tanto cuestionable. ¿Por qué dices tanto perdón? ¿Perdón por qué? Me han preguntado. Yo me pregunté ¿lo digo tanto? Pero si es por educación, ¿qué les pasa? ¿Cuál es su problema?

Claro, estos españoles ásperos en el trato. Si vas en el metro y sonríes, te miran raro. Avientan las cosas, no dejan hablar, te interrumpen y tienen unas frases llenas de arrogancia como: “porque lo digo yo” esto es “de toda la vida” y para todo es un “me da igual”, ¿todo les da igual? Se quejan y se quejan y nada les parece suficiente. Mejor ni hablo de las niñas de catorce o quince años cómo se expresan, como se visten con tanta urgencia por ser mujeres, incluso las niñas aquí, es raro que usen moños, son lo más parecido a mini adultos. 

Un día estaba sentada en un parque en Barcelona, y me perdí observando a las mamás y a sus hijos, pensé: ¿serán las niñeras? ¿Serán las tías? Hermanas mayores, no lo creo.  Les dan tanto espacio entre los niños, ellas y el parque, no imagino esto posible en México, a menos que sea en el patio de la casa porque en caso contrario, la mamá estaría detrás del niño, cuidándolo, protegiéndolo. Aquí las mamás parecen tan despreocupadas, tan sueltas. Los niños andan corriendo por la banqueta, ¿se lo imaginan? Supongo que aquí no existe el roba chicos.

Hay que detenerse en vez de ofenderse. Si bien pueden  ser ejemplos muy sencillos, es el inicio de una serie de enfrentamientos o choques culturales que pueden confundir. A mi me han confundido mucho, pero es cierto que cuando se viaja, creemos que los otros son los extraños, cuestionamos a raíz de nuestros juicios y de nuestra moral, siendo nosotros los ajenos. La moral mexicana es una, la española otra, la estadounidense otra y así por los casi 200 países que existen en el mundo.

No es fácil comprender que mi mande no se percibe como una respuesta cordial, la palabra misma no se usa, pero ya no puedo molestarme porque les cause gracia. Su tono al hablar no es prepotencia o arrogancia, es su tono. Para los españoles México es un país en desarrollo, con pobreza y fuertes problemas de violencia en donde se vive una clara división de clases y creen que las fajitas y los nachos son comida mexicana y todos parecen soñar con Cancún. Para los mexicanos, al menos para los que he conocido en este país, no queda clara una crisis económica, sorprende que tener patio es un lujo y el dinero puede ser importante, pero lo es más la raza.  En los dos casos, nos abrazamos a nuestros conceptos que no siempre se piensan, se viven de manera inconsciente. En ambos casos, la mejor medicina para el respeto y la sana convivencia es: viajar.

 ¿Ustedes qué dicen? 

A la playa con camiseta

Fotos de viaje

Muro en Playas de Tijuana

 

¿Por qué nos metemos a la playa con ropa? Esto lo ves en la mayoría de las ciudades playeras de México. Es común meterse a la playa con prendas de vestir, desde camisetas, pantalones cortos y hasta vestidos, pocas veces con trajes de baño.

Aquí una prueba en Playas de Tijuana 

 

Fotografía: Omar Martínez,

El Guggenheim de Venecia

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Cada uno de los cuadros que aquí se exhibe representan capítulos de la vida de Peggy Guggenheim. Su visión del arte, el contacto con la cultura europea, la búsqueda por crear una colección y montar un museo representan: La  Colección de Peggy Guggenheim, el espacio más importante de Italia en arte europeo y americano del siglo XX y una referencia internacional  del arte moderno.

Peggy nació en Nueva York, a sus 20 años mientras realizaba voluntariado en una librería, el ambiente la acercó a grupos intelectuales y artísticos de la ciudad y comenzó a adquirir obras de artistas jóvenes y desconocidos, en aquel entonces. Este gusto por el arte, vino acompañado de viajes entre Europa y América, consolidándola como coleccionista y mecenas de arte. A sus 39 años abrió la galería Guggenheim Jeune en Nueva York, cerró para regresar a Europa durante la guerra y regresó a sus 44 años para abrir su museo The Art of This Century Gallery en el número 30 de la calle 57 Oeste de Nueva York, duró abierto 5 años, hasta que Peggy se instaló en el Palacio Venier dei Leoni deVenecia, en donde viviría el resto de su vida.

En esta ciudad mostró su colección por primera vez en la Bienal de 1948 con obras estadounidenses que por primera vez lo hacían en suelo europeo. Años más tarde decidió abrir su casa y su colección al público en los meses de verano. Tras la exposición de su obra en el Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York, decidió donar su palacio y las obras de arte a la Fundación Solomon R. Guggenheim. Peggy murió a los 81 años en 1979 y sus cenizas descansan en la que fuera su casa por 30 años en Venecia.

Peggy Guggenheim

La atmósfera de este recinto cultural, está rodeada y valorada por los lienzos tridimensionales del cubismo, la celebración a la tecnología moderna, la velocidad y la vida urbana que expone el futurismo, la esencia del subconsciente del surrealismo y, las emociones del expresionismo. La suma de corrientes francesas, americanas e italianas la hacen una de las colecciones de arte moderno más importantes del mundo con obras de Picasso, Dalí, Mondrian, Kandinsky, Klee, Rothko, Modigliani, Boccioni, Pollock, Moore, Magritte, Duchamp, Braque, Yoko Ono, entre otros.

El museo está justo en el Gran Canal, en el Palacio Venier dei Leoni. Un edificio que tiene más de tres siglos de vida y que fue construido para una de las familias más antiguas de Venecia, los Venier. Por razones desconocidas dejaron el proyecto inconcluso y la edificación se quedó con una sólo planta.

La colección Peggy Guggenheim forma parte de la familia de la Fundación Solomon R. Guggenheim, al igual que el museo de Solomon R Guggenheim de Nueva York, el museo de Guggenheim Bilbao, el Deutsche Guggenheim de Berlín y el Guggenheim-guggenheim-Hermitage de Guggenheim, en Las Vegas.

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Erase una vez el cuerpo humano

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¿Sabías que tienes más huesos cuando eres niño que adulto? En total contamos con 206 huesos que al paso del tiempo unos se fusionan con otros, de ahí la diferencia. ¿Sabías que medimos un centímetro más en la mañana que en la noche? ¿Qué al caminar se mueven 200 músculos? ¿Sabías que tu corazón palpita 30 millones de veces en un año y que cada día producimos un litro y medio de saliva? Si, el cuerpo humano es una máquina sofisticada llena de órganos y sistemas que siempre están activos.

Ese es el enfoque de Human Bodies. Más que una exposición, es un viaje al conocimiento de lo que eres con más de 150 órganos individuales y 12 cuerpos completos que te permitirán disfrutar del espectáculo de la vida. Nunca te hubieras podido imaginar ver el cuerpo humano separado en finas capas, ver su interior de una forma tan extrema e increíble. Se trata de cuerpos reales plastificados.

¿Qué es eso de plastificados? Un proceso que puede tardar hasta meses en donde los líquidos y tejidos de los órganos son reemplazados lentamente por un polímero, en vacío y congelación. Los cuerpos que aquí se exponen son, mayoritariamente, de procedencia asiática, como resultado de una donación de la Universidad de Chungquin. Procedentes de personas que al fallecer no fueron identificadas y fueron  sus cuerpos, donados con fines científicos y didácticos. Una vez finalizada esta exposición, pasaran a la Universidad de Murcia para que continúen con el uso pedagógico y a la formación de las nuevas generaciones de profesionales de la medicina.

Tras años de trabajo e investigación por parte de diversas instituciones científicas de diversos países, es posible hacer un viaje que inicia como la vida misma, con la fecundación, con el desarrollo de un embrión a un feto, a su nacimiento, a su desarrollo no sólo físico, sino al funcionamiento de los órganos: la digestión, el sistema nervioso, el sistema muscular, respiratorio, urinario y que, en conjunto, buscan promover la adopción de hábitos de vida saludables. Cerca de 1,200 millones de personas en todo el mundo tienen problemas de sobrepeso y obesidad, que es exactamente el mismo número de personas que sufren de desnutrición. Un desorden que se suma al tabaco, el alcohol y falta de actividad física con fuertes afectaciones al cuerpo.

Si decides hacer este viaje, muy probablemente recuerdes tus clases de biología, pero sobre todo, salgas con la sensación de darte cuenta que el poder del tipo de cuerpo y vida que deseas tener, mayoritariamente está bajo la elección de tus alimentos. ¿Papitas fritas o ensalada verde? ¿Refresco o agua? ¿Pastel de chocolate con vainilla y m&m´s encima o una manzana y un kiwi?

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Más información:

  • Exposición en la Cúpula del Centro Comercial Arenas, Barcelona, hasta octubre 2014.
  • Página oficial Human Bodies

¿Volamos en globo?

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Estaba nerviosa cuando llegué a la ciudad de León. Desde la noche anterior intenté dormir temprano y descansar para no sufrir al madrugar, pero tenía tanta ansiedad y emoción que me costó no pensar que en unas horas volaría en un globo aerostático. Cómo no estar alterada cuando había imaginado la sensación de estar subiendo y separándome de la tierra desde que supe que haría ese viaje.

Había escuchado que en México se realizaba el Festival del Globo Aerostático en Guanajuato cada año, famoso porque participan pilotos de diferentes partes del mundo y volaban cerca de 200 globos, ¿se imaginan esa escena? Esto se ha repetido durante once años y asisten hasta dos millones de personas; es el festival más grande de Latinoamérica y estaba a punto de formar parte de esa fiesta.

Gente que viaja desde países como Austria, Brasil, Países Bajos o desde Bélgica o Alemania, para participar en una fiesta que busca celebrar la sensación de volar, de hacerlo en un globo gigante y que incluso, se vuelve el pretexto para reinventar estilos, crear tendencias y mostrar globos que no precisamente son redondos. La diversidad de los asistentes hace la experiencia más enriquecedora. ¿Eso es un pastel? ¿Ese es Darth Vader?

Bastó una invitación para decidirme a volar en globo y dejar de pensarlo y vivirlo. Sentir la impresión de estar parada dentro de la canastilla y elevarme. Así llegué aquél día nerviosa a León en coche para pasar un fin de semana en la ciudad, con el objetivo de llevar a cabo una de las experiencias que siempre se recomiendan, de esas que debes vivir y que en ocasiones, llegan solas.

Entre semáforo y semáforo me cuestioné si me daría miedo la altura, creo que me preocupaba el aterrizaje. ¿Y si el clima no nos deja volar? Se trata de una aeronave sin motor que de forma controlada, se deja llevar por las corrientes de aire, por las condiciones del día y sobre ellas volar. Ya quería dejar de hacerme preguntas pero debía llegar al Parque Metropolitano de León, el escenario del vuelo del que desconocía la relevancia natural.

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Así descubrí un área verde y protegida del tamaño de unas tres canchas de fútbol soccer, dominadas casi en su totalidad por el vaso de la presa, que hoy en día ese vaso está carente de agua y las grietas de la tierra forman ya parte del paisaje, de la vida animal y vegetal; es la casa de pelícanos, patos canadienses, garzas, y más de doscientas especies; muchas de casa y otras migrantes.  Por si sola, esta presa es un punto que forma parte de la identidad de la ciudad y durante este festival,  el escenario. Allí estaba en el punto de encuentro, en una de las mejores horas para volar que es después del amanecer, la otra es antes del ocaso, cuando el viento se calma. En ese punto la cita arrancaba a las cinco de la mañana y aún era de noche, aunque con un cielo azul intenso, acercándose cada vez más a la claridad que le da la luz de los primeros rayos del sol del día que estaba por comenzar.

De pronto se acerca una camioneta que cargaba en la parte de atrás del coche la canasta, ocupaba casi todo el espacio, me pareció enorme. Se estaciona y entre unos cuatro hombres bajan la canastilla y la acuestan de lado, aunque parecía ligera, en realidad es una cesta de mimbre trenzado a mano y con una base de madera reforzada, no es ligera. Poco a poco, de la canastilla empezó a extenderse la piel del globo. Tela de colores que mientras más la desdoblaban, más espacio ocupaba, más debía hacerme para atrás y más me emocionaba.

Son globos de dieciséis metros de altura aproximadamente. Utilizan cerca de ochocientos metros de hilo en más de mil quinientos metros cuadrados de tela. Eso es mucho hilo, mucha tela. Por eso toma su tiempo extender el globo. Se debe desplegar de forma ordenada y con un sentido, la tela debe estar estirada. Aquí no tenía dudas, ni nervios, sino curiosidad por cómo dan forma al globo de colores que me pasearía por los cielos de esta tierra mexicana.

Cuando el globo estaba desplegado sobre el suelo, entonces por la boca del globo le colocaron un poderoso ventilador que empezó a darle aire frío. Poco a poco se inflaba, tomaba forma y después, encendieron el quemador para calentar ese aire interior y provocar la elevación. No pareció una tarea sencilla, tomó al menos una hora preparar el vuelo, revisar los procedimientos y estar listos para despegar en cualquier momento.

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Ser testigo de este proceso no sólo alimenta el deseo de montar y volar en el globo, sino también de comprender el funcionamiento de una de las actividades que más satisfacción le han generado al ser humano, un deseo desde hace siglos y que también desde hace siglos se ha conseguido: volar.Recuerdo que el rostro del piloto me trasmitió concentración y pasión por lo que estaba haciendo. De pronto dice: Sube a la canasta, ya nos vamos. ¿Ya?, respondí. Con tantas ganas que tenía de que llegara ese instante que cuando llegó, me paralicé y lo cuestioné;  sólo bastó un segundo para darme cuenta que, en efecto, el globo estaba de pie y ya era hora de volar y no existía la posibilidad de titubeos, así que me subí a la canasta y no pasaron muchos minutos cuando empecé a sentir como dejaba el suelo, de elevarme.

Sin noción del tiempo, poco a poco todo comenzó a hacerse más pequeño una vez arriba. Las personas que nos miraban desde abajo, saludaban. Los coches estacionados en la calle principal, se hicieron notar  y cada vez más el espacio completo que concentraba a los globos, a los pilotos, a sus coches y a los espectadores. Todos, cada vez más se hacían pequeños dentro de la gran área verde que empezó a rodear la ciudad. No sabía a dónde voltear con una vista de 360 grados. Quería verlo todo, el horizonte de forma completa en un paisaje que incluía el parque, la presa, los edificios, los puentes, las calles, los espacios vacíos, los saturados, los techos y después, sólo cuadros de tierra diferenciados por colores. ¡Con que esto se siente volar!

En la presa del parque, en el centro vi las ruinas de la Hacienda del Palote, una edificación que ha vivido siglos entre dueño y dueño hasta que la urbanización y la construcción de la presa la convirtieron en un accesorio que cambia de acuerdo a la cantidad de lluvia, de agua acumulada. Sólo desde arriba pude ver esas ruinas y la cruz en su punta. No, no tenía miedo a las alturas y tampoco sentí mareos y curiosamente me sentía estable. Llegó un momento en el que me perdí en el paisaje. Dejé de concentrarme en los detalles y mi mente se puso en blanco. Bajó la adrenalina, empecé a disfrutar del aire, a respirar con mayor profundidad, a relajarme ante la vista y si, a navegar el cielo de la ciudad.

Así, como el piloto dijo vámonos, también dijo ya llegamos. Bajar fue sin duda el proceso más rápido del viaje y casi en automático nació el deseo de volverlo a hacer pronto, a no dejarlo pasar como una experiencia única, quería más. Bajar de la canastilla satisface tanto como subir, la adrenalina de la impresión de volar se siente y te acelera. Recuerdo que sonreía todo el tiempo y miré al piloto con ojos de cinco minutos más, baje más despacio. Invíteme a volar en el atardecer.

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Y pensar que este invento nació hace trescientos años. Cuando supe la historia del globo aerostático la volví a recordar cuando bajé, me imaginé a los hermanos Josepth y Jacques Montgolfier en Francia, intentando volar un globo por primera vez. Después de que se les había ocurrido la idea de volar,  al ver el humo de una fogata y querer hacer algo con él.  Imaginé a la gente que vivió para ver ese espectáculo, a María Antonieta de Austria le tocó presenciar ese primer viaje que tuvo de pasajeros a un gallo, un pato  y una oveja.

Unos años más tarde dejaron de volar animales y lo empezaron a hacer pilotos, primero en París en un viaje de veinticinco minutos ante cuatrocientas mil personas y hoy en día en eventos que concentran a millones de personas, entre fanáticos del globo y espectadores.  En México, fue José María Alfaro el primer piloto en Veracruz, hace más de dos siglos. Desde entonces, existen varios espacios en donde se puede viajar en globo. Esta tierra es uno de los países en Latinoamérica que cuenta con sitios para esta actividad, como los por ejemplo los viñedos de Baja California, en la ciudad de Teotihuacán, en Querétaro y claro, en León, Guanajuato.

Han pasado algunos meses de ese viaje en globo y cuando recuerdo la sensación, todavía creo sentirla, la adrenalina llega y hasta me inquieta. Y pensar que ya se han hechos vueltas al mundo en globo aerostático. No hace mucho tiempo, apenas unos catorce años lo hizo el suizo Bertrand Piccard y el británico Brian Jones, se tardaron 19 días, 21 horas y 55 minutos, sin escalas. Increíble, ¿verdad?

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La Torre Bellesguard de Gaudí

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Antoni Gaudí ante todo era un catalán orgulloso, detallista y creativo que reflejaba su identidad en sus piezas arquitectónicas. Cuando la familia Figueras le pidió que llevara a cabo esta obra, no hacía falta convencerlo, se trataba de una pieza más para resaltar la corriente del modernismo gótico catalán: el catalanismo, la religiosidad y la naturaleza. Todo entre cerámica, vidriería, carpintería y herrería. LaTorre Bellesguard fue un castillo, un consultorio, un hospital, un refugio y regresó a su origen, una vivienda que desde septiembre del 2013 abrió sus puertas para mostrarle al mundo por primera vez, uno de los secretos mejor guardados de Barcelona.

¿Cómo es que este rincón nadie lo conocía? ¿Por qué acaba de ser abierto al público? Fue lo primero que me pregunté al pisar esta casa que además, está alejada de las zonas más concurridas por los foráneos. No se escucha a los coches pasar, su calle es tranquila, apenas y te encuentras gente caminando, entrando o saliendo de su casa. La historia de la que todavía es una vivienda, tiene mucho más que contar que los detalles de la arquitectura de Gaudí.

Este castillo cuenta con indicios de que tiene más de dos mil años de vida. Se encontraron restos de cerámica ibérica del siglo II antes de Cristo y cerámica romana del año L después de Cristo. Su historia más relevante es haber sido la residencia real del monarca Martí I el Humano, Rey de la Corona de Aragón (1356 y 1410), quien le dio a esta casa, con su vida misma, la misión y la visión para que siglos después, Antoni Gaudí la convirtiera  en una joya arquitectónica vestida de castillo, rodeada de una muralla, con una torre y un jardín.

Este Rey nacido en Girona, padecía de severas complicaciones respiratorias que lo llevaron a alejarse de la muralla de la ciudad, de la humedad del mar y a refugiarse en la  montaña. El aire fresco y la altura le permitían tener un mayor control de su salud y una clara visibilidad del puerto. Años antes había enviudado y se había quedado sin herederos. Ese cambio de residencia representó la búsqueda de su legado con un nuevo matrimonio. Pero un año después de mudarse al castillo, Martin I de Aragón falleció, convirtiéndose en el último catalán de la corona de Aragón, el último representante del Casal de Barcelona. Para principios de 1900, la familia Figueras y Gaudí, encontraron en esta historia la inspiración para reconstruir lo que sería una casa de veraneo y un homenaje regional.

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La Torre de Bellesguard, recibe con una muralla que guarda restos de la original. Allí se encuentra el escudo de armas de la corona de Aragón, con sus cinco franjas verticales. Más adelante, te topas con una fachada compleja y recargada de mensajes y símbolos. ¿Todo tiene un significado? Aún se siguen buscando los porqués de varios detalles arquitectónicos. En su parte más alta se encuentra la cruz tridimensional de cuatro brazos imitando a los cuatro puntos cardinales, con una altura de 33 metros, la edad de la muerte  de Jesucristo. Abajo la corona de Aragón y la corona de Martin I el Humano con la señera, símbolo catalán. Los tres balcones representan la Santísima Trinidad.  En el ventanal una estrella de Venus, la diosa de la fertilidad y estrella de Belén. En esa entrada se ubican dos bancos, uno de ellos,  con la imagen de un delfín, encima la corona y las cuatro barras catalanas que tienen de fondo la montaña de Monserrat y con ella, la fecha de 1410 con el sol poniéndose: la fecha de la muerte del  Rey de la Corona de Aragón.

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Una vez dentro, pasas de la frialdad de un castillo  al calor de un hogar acogedor: paredes y techos blancos, espacios llenos de luz, plantas al ras de piso, mosaicos de Sant Jordi y una gran lámpara de hierro forjado, al igual que las escaleras, las rejas de la entrada y las ventanas. El detalle de la herrería destaca en toda la casa, por dentro y por fuera.

La Familia Guilera es la propietaria de la Torre Bellesguard desde 1944. Lluis Guilera Molas compra Bellesguard para hacer un hospital modernista como el de Sant Pau, dedicado al tratamiento del cáncer, a su muerte, su hijo mayor, Lluís Guilera Soler, también médico, hereda la casa y el hospital, por lo que hay catalanes que nacieron en este espacio hasta 1974. Debido a las barreras arquitectónicas, el hospital se traslada y desde ese momento, Bellesguard se utiliza para lo que Gaudí la diseñó, un hogar. Amélia Roche, viuda de Lluís Guilera, sus cinco hijos y sus siete nietos habitan esta casa que está por cumplir 70 años bajo su apellido.

Queremos la casa, queremos conservarla y poner en valor su importancia como parte de nuestro patrimonio artístico, histórico, arquitectónico y cultural, que Bellesguard ocupe el lugar de honor que le corresponde entre las obras de Antoni Gaudí, como una de sus obras más singulares, especiales y únicas, y sin duda, la que tiene más historia”.

La escalera a partir del segundo piso se vuelve estrecha hasta la terraza, y por allí pasas por esas puertas en donde la familia Guilera habita. La curiosidad no fue telepática como para provocar que alguien de la familia entrara o saliera y con ello, poder agudizar la mirada y ver más allá. Así que ese camino termina en la parte superior donde se encuentra la sala de música, en donde puedes hablar y escuchar una acústica perfecta. El sonido viaja y rebota pero no hay eco, son unos arcos los que consiguen esa calidad de sonido. Espacio rodeado de ventanas que dejan entrar la luz conforme pasan las horas y con ello, cambiando el paisaje y sus espacios.

Cuando creí que había recorrido la casa, olvidé que faltaba el mayor respiro y principal privilegio de la Torre Bellesguard: Barcelona a la vista. El mar y la montaña como postal de una ciudad que deja ver en sus picos  los detalles arquitectónicos que la definen, sus grúas trabajando en reconstrucciones. Si estiras el brazo, tocas el mar mediterráneo y al mismo tiempo, hueles la montaña. Allí arriba está el dragón, su cara y sus ventanas como dos grandes ojos que acompañan a los agujeros de la nariz.

Gaudí tenía razón: El gran libro, siempre abierto y que tenemos que hacer un esfuerzo para leer, es el de la Naturaleza. Su trabajo en Bellesguard es un realce a la luz, a los espacios y a lo natural. Falta con llegar al punto más alto para respirarlo y entonces, entenderlo.

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Hablemos de vino mexicano

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¿En dónde se produce el vino mexicano? En Baja California, en el estado del norte del país de donde sale casi el 90% de la producción que recorre el mundo y que además ofrece un sinfín de oportunidades para disfrutar de paisajes espectaculares, nuevas propuestas gastronómicas y apacibles actividades campestres. ¿Te imaginas pasear por los viñedos de la región en globo aerostático? ¿Degustar ricos cortes de carne y verduras de huerto a la parrilla? ¿Dar un paseo en caballo por viñedos? ¿Saborear un vino mientras observas el atardecer del océano Pacífico? La influencia del Pacífico, el clima mediterráneo, el Sol y los húmedos inviernos, son los elementos que hacen de esta tierra el sitio idóneo para la vitivinicultura.

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Mis frases viajeras… robadas

Historias

Mis frases viajeras... robadas

Hay muchas frases de viaje, de viajeros, pero estas son las que coinciden con mi forma de ver los viajes, de vivirlos y reflexionarlos. No siempre se trata de conocer nuevos lugares, ni de hacer nuevos amigos o de regresar con nuevas fotos. Es sólo el efecto de moverse y de andar de arriba para abajo, no estar en ninguna parte y en todo caso lo que está debajo de ese movimiento.

Como le decía a un amigo: no tengo nada claro pero si mis dudas me van a llevar a recorrer el mundo pues quiero vivir entre la duda.

  • “La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. Fernando Pessoa 1888-1935, escritor portugués. 
  • “Viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas” .Hipólito Taine 1828-1893, escritor francés.
  • “Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. Fernando Pessoa 1888-1935, poeta portugués.
  • “Yo no viajo para ir a alguna parte, sino por ir. Por el hecho de viajar. La cuestión es moverse” . Robert Louis Stevenson, 1850-1894, escritor británico.
  • “Cuando los hombres buscan la diversidad viajan” .Wenceslao Fernández Florez 1879-1964,  novelista, periodista y político español.
  • “Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero”. Antoine de Saint-Exupery 1900-1944, escritor francés.
  • “Los viajes sirven para conocer las costumbres de los distintos pueblos y para despojarse del prejuicio de que sólo es la propia patria se puede vivir de la manera a que uno está acostumbrado”. René Descartes 1596-1650 filósofo y matemático francés.
  • El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos” . Marcel Proust, 1871-1922, novelista y ensayista francés.
  • “No existen tierras extrañas. Es el viajero el único que es extraño”  Robert Louis Stevenson, novelista y poeta escocés. 1850-1894
  • Como todas las drogas, viajar requiere un aumento constante de las dosis”. John Dos Passos, 1896-1970 novelista y periodista estadounidense.

¿ verdad que dan ganas de hacer maleta?