El Sol

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A veces te preparas para ir a cenar con tus amigos y de pronto la noche se convierte en algo más que una cena. En cualquier momento algo sucede que no tendría razón de suceder y desvirtúa el momento; y que incluso te cuesta trabajo asimilarlo, entender qué está pasando y en qué momento una cena, una noche de fiesta se transforma en todo un acontecimiento digno de contar, de hecho es lo primero que necesitas hacer, contarlo, para escucharte y y entonces terminar de captar que aquel momento pasó en realidad. Tuve un sábado así en la Ciudad de México. Era un sábado de fiesta… de inicio. 
 
La buena compañía garantizaba una noche de fiesta, de pachanga, de party, de juerga, . Con un grupo de amigos llegué unirme a otro grupo en una discoteca o antro que en su momento era de aquellos que tienen una actitud de recibir a celebridades y sólo a celebridaes dejar pasar, con un alfombra roja imaginaria y paparatzzi por todos lados, imaginarios tmabien. 
Estábamos en una mesa prácticamente incomoda, en la esquina del pasillo de la barra; pasillo que al terminar y por si fuera poco terminaba en los sanitarios, así que fuimos testigos de toda una pasarela de divas y divos, por ahí pasaban tarde o temprano todos los que en aquel lugar se concentraban. 
 
Un mesero: – ¡Allá arriba está cenando el Sol! –
– ¿El Sol? ¿Luis Miguel?
– ¿Aquí?
– ¿Pues este lugar es muy muy o qué?
– ¿Hay restaurant?
 
Preguntas al aire de uno y varios cuando a todos les llegó el mismo comentario. Tampoco había mucho que hacer después de saberlo porque no estaba en el plan de nadie hacer algo, así que la plática, carrilla y bailada siguió su ritmo, muy buen ritmo por cierto. Estar entre el pasillo y la barra llegó a ser incómodo porque no había el espacio necesario para todos y que todos conviviéramos, por el contrario. Tampoco fue impedimento para pasarla bien.
 
No sé en qué momento la barra se saturo de guardaespaldas, todos de traje, impecables, cortaba negra, traje negro, varios con lentes oscuros, el cable característico atrás de la oreja que baja por el cuello, y muy grandes, no solo altos, sino grandes en complexión.
 
– ¿Quién llegó o qué? –
 
– ¿Estos de dónde salieron? –
 
– ¿Luis Miguel? –
 
– ¿ En dónde? que no alcanzo a ver –
 
A finales de los novestas mi mamá me llevó al concierto de Luis Miguel en el Sports Arena en San Diego, yo estaba en la secundaria y tenía un poster de él en el techo a la altura de mi cama, justo para acostarme y verlo. Lo sé… era adolescente, ¿ Qué puedo decir? Me gustaba. Me gusta su música de esa época. A partir de los discos de Romance, para mi desapareció.
 
El morbo es morbo , así que con permiso, a ver déjame ver, ¡Ah! Si, si es Luis Miguel, ahí estaba a unos 10 metros tal ves de nosotros, en el otro extremo de la famosa barra. Y como estábamos en la esquina teníamos asientos de primera fila. La barra de lado contrario a los cantineros estaba una alberca de un centímetro de profundidad, un espacio divisor entre las mesas, sillas y sillones. 
 
Él se paró entre la barra y el agua, la aventaba hacia la gente, mandaba besos, saludaba, sonreía y traía una actitud de – Hola Nena-
 
Me queda claro que los artistas están sobredimensionados por lo que representa el glamour, la buena ropa, maquillaje, arreglos, etc. Lo entiendo, y si, son seres humanos que van al baño y eructan y se sacan los mocos. Son personas.
 
Está más pequeño de lo que creí, delgado, traje negro, elegante, con lentes oscuros, casi no tiene cabello, tenía el aspecto de cepillado sin ningún producto de ningún tipo, opaco, y vuelvo al peinado, que la carencia fue evidente. Diciéndolo más coloquial, está dando el viejaso, y digo, algún día todos lo daremos, lo tenía que dar.
 
Intenté tomarle una foto con mi celular y su guardaespaldas que debe ser igual de famoso que él, me aluzo con su lámpara e inmediatamente se acercó unos metros para decirle a otro guardaespaldas que fuera por el celular. Enojado fue poco, no se si tenia vena en la frente como yo pero si así fuera, seguramente se le saltó.
 
Me reí pensando: ¿Me van a quitar el celular? Porque vi al hombre con ganas de asesinarme. En cinco minutos el pasillo estaba saturado, ya no te podías mover, volteé a mi alrededor y creo que todo el lugar estaba viéndolo. Estaba solo, bueno…. Con diez personas que se dedican a su seguridad. No estaba tomando, no lo vi tomado pero no me dio la impresión de que estuviera en sus cinco sentidos, aunque … no sé cómo sea en sus cinco sentidos ni en cuatro.
 
Llegó un punto en el que quería que ya se fuera, el espacio era un caos, la fiesta se interrumpió y yo quería seguirle. Puedo decir que fue un sentimiento generalizado, y creo que el poster en mi techo estuvo demasiado tiempo. Se fue y cuando los celulares se levantaban tratando de obtener fotos, sólo se veía la mano de los guardaespaldas que los arrebataban. Si, se los quitaban y no creo que los hayan dejado en la entrada para su reclamación, o bien, que entraran a ver las fotos para borrar las de Luis Miguel.
 
No fueron más de diez minutos. Después supe que había tenido concierto en el Auditorio Nacional, por eso su presencia. No me imagino el coraje de las verdaderas fans que pagaron miles de pesos por un concierto repetitivo y que terminó en un lugar en el que ni cobran cover.
 
Sólo en el D.F.

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