Las Islas de Huatulco



– Aqui no es Acapulco –
– Tampoco Los Cabos –

Fueron las primeras frases del chofer del Taxi, tomado en el Aeropuerto con destino al centro de la ciudad. Me pareció hasta cierto punto entendible que quisiera convencernos de que Huatulco tiene sus características o diferencias con otros destinos de playa. Era su ciudad, hablaba con temple, interés por saber quiénes la visitan y que se vayan contentos, buscaba la conversación. 
Huatulco es para disfrutar de la naturaleza, descansar-  agregaba el chofer. Lo decía con orgullo, seguro de sí  mismo y sin miedo a equivocarse o parecer exagerado.
El viaje fue planeado para llegar el viernes y regresar el domingo, un viaje que en avión se realiza en poco más de una hora, equivalente  a recorrer vía terrestre cerca de 890 kilómetros de distancia, debo reconocer que me sorprendió el poco tiempo de vuelo, apenas me acomodé en el asiento, preparé una buena selección de música para escuchar en el camino, el respectivo bote de agua a la mano y de pronto, ya estábamos aterrizando…
Los boletos de avión estuvieron listos desde un par de meses antes, como parte de una oferta especial que no dio margen para pensar mucho, además, cuando de viajar se trata la aventura siempre recae en la sorpresa y si sumamos el factor bajo costo, inevitablemente se asomaba un viaje de fin de semana al alcance, hecho a la medida.
La experiencia de conocer lugares nuevos representa siempre una satisfacción, y México no deja de sorprenderme, claro, resultado de la ignorancia que cobija la falta de acercamiento a mis propias tierras, que son absolutamente diversas e inmensas en variedad, haciendo de cada rincón un espacio único: aromas, colores, gente, modismos, usos y costumbres; desde tierras desérticas, hasta increíbles ciudades llenas de modernidad abrazadas de historia. la gran diferencia, que de 12, y dejamos a la falta de acercamiento a mis propias tierras, rigurosa que te permite conocer su ceses diverjkASKldasjdnljdjn
En el recorrido del Aeropuerto al Centro de la Ciudad, que no son más de 20 minutos y $120 pesos, la carretera de dos carriles poco a poco va permitiéndole  a la ciudad asomarse, saludar, dar una idea de lo que se espera, expectativa; con sus edificios, supermercados, viviendas, restaurantes y diferentes rutas, en su mayoría, hacia las bahías, coquetamente la playa saludaba.
A diferencia de Playas de Tijuana, el Puerto de Ensenada, Mazatlán, Acapulco o Veracruz, en Huatulco no hay un malecón o corredor turístico a la orilla del mar, se trata de bahías, playas con sus características propias, estas son: La Bahía Conejos, Tangolunda, Santa Cruz, Chahué, Maguey, Órgano, Cacaluta, Chachacual y San Agustín.
El chofer, así como el resto de la gente que conocimos, fue cordial y amigable,  pero don José, el chofer, se auto nombro co- organizador del viaje, no sólo fue quien nos llevó al hotel, también nos contacto con los responsables de los tours que diario salen desde temprano para realizar el recorrido de las famosas bahías, nos dio las recomendaciones de comida típica y además nos contagió de buena vibra. (Requisito fundamental para viajar)
Existen varios servicios para realizar el recorrido de las bahías, por ejemplo, las embarcaciones que cuentan con una capacidad de hasta 400 personas, ofrece mayores opciones de servicios, tales como música, servicio de bar, algún tipo de espectáculo y alimentación, mientras que una embarcación pequeña con una capacidad máxima de 10 personas, ofrece una bolsa de hielo, privacidad y flexibilidad en tiempos, ambos por reglamentación portuaria, deben estar de regreso aproximadamente a las 6.30 de la tarde.
Optamos por una embarcación chica en donde solo viajaríamos nosotras (Dulce, Dereni y Xareny) y el guía, con la facilidad de permanecer el tiempo que deseáramos en cada isla.
Nosotras, atentas a la explicación: $500 pesos por persona, incluía una bolsa de hielo, tiempo libre para estar en las bahías, equipo de snorkel con boquilla nueva y un paisaje que nos dejaría con la felicidad en la mirada; nos organizamos con los tiempos y dejamos el respectivo depósito del 50%, necesario para garantizar el servicio.
A las 8 de la mañana pasó por nosotras un responsable del tour al hotel, listas con toalla en mano, bloqueador y unas ganas enormes de conocer esas bahías.
La ansiedad dominaba en el camino por saber de las aguas de Huatulco, había escuchado mucho pero no las conocía, Huatulco si tiene difusión, promocionales en televisión, revistas, etc, folletos, campañas de turismo, ofreciendo un excelente destino de playa, por lo que ya deseaba saber las razones de su popularidad, de la fama.

Parada obligada en un supermercado, en este caso, un Súper Che para después de una hora tomar tierra en el muelle Chahué, donde Carlos, el lanchero, ya tenía listos los equipos de snorkel, la hielera, y el salvavidas que no debe faltar, ni la explicación sobre las medidas de seguridad que deben considerarse antes de salir al mar, es decir, un procedimiento que unos quince minutos, en sus marcas, listos, fuera. 

El recorrido para llegar a la primera bahía ya nos avisaba lo que imaginábamos, un mar claro, pasivo, rocoso y a la vista una inmensidad marítima. La lancha seguramente no iba a toda velocidad, pero sentía el aire frente en mi, dándome una sensación de 120 kilómetros por hora, seguramente íbamos a la mitad, no lo sé, la ansiedad comenzó a disminuir, disfrutar.
Paramos en una pequeña bufadora, como parte del atractivo; digo pequeña porque conozco la del Municipio de Ensenada en Baja California, bufadora al fin; también paramos en unas rocas que sin concentrarse mucho, reflejaban un rostro entre ellas con un brillo peculiar por la brisa del mar; un faro en la cima vestía el panorama.
Llegamos, anclamos y apresuradas con nuestros snorkels, nos dimos un clavado al mar. Delicioso con el calor y las ganas de sentir el agua.
Practicar snorkel no es fácil, hay que concentrarse en la respiración, tomarlo con calma y sumergirse poco a poco para lograr mantener un ritmo que permite serenidad debajo del mar, en caso contrario, la desesperación gana y no es divertido tratar de ver la vida que hay bajo nosotros, pero se aprende poco a poco a controlar los nervios y la respiración, lo siguiente es dejarse llevar por la inmensidad del fondo, de los movimientos de los peces y sus colores, corales,  medusas,  plantas y las propias corrientes marinas.
Es importante voltear y mirar a nuestro alrededor, saber que tienes atrás y a los lados, evitar los movimientos bruscos y enfocarte a zonas específicas, es fácil perderse y sentirte que estás lejos de donde deberías. Me paso, desde una perdida, hasta unos raspones en la rodilla por no ver que unas rocas estaban cerca.
Así pasamos a la segunda Bahía, más clara, más inmensa y más tranquila, recordé al taxista del Aeropuerto: Huatulco es disfrutar de la naturaleza, descansar.
Cada bahía contaba con su personalidad, mientras avanzábamos, la sensación de conocer algo nuevo se volvía normal, una por una, nos regalaban algo distinto, desde una temperatura en el agua, profundidad, extensión, hasta la variedad de rocas y vegetación, dentro y fuera del mar.
El tiempo te lo marcan los rayos del sol y bajo el mar esa luz tiene mucha fuerza, gracias a ella, aprecias las formas, incluso los rincones de oscuridad que son imponentes y te vuelven vulnerable, no por nada el recorrido inicia a las 9 de la mañana y con ello aprovechar el tiempo para recorrer todas las bahías, en este caso, se trataba de nuestra única oportunidad.
Pero con el snorkel, no tienes noción del tiempo, un minuto de bajo del mar no es lo mismo que estar en la arena tomando el sol, además es agotador cuando no cuentas con la condición física necesaria, por lo que requiere tomarlo con calma, disfrutar ese minuto eterno debajo, y cuando mis piernas me pedían esquina, simplemente flotaba o descansaba al ponerme el salvavidas. Eso si, del agua no me salía.
La jornada de snorkel concluyo en la última bahía, en ella simplemente nos acostamos en la arena, tardamos en tomar un tema de conversación, las cuatro reposando en la fina arena y limpia, respirábamos cansancio y hambre, y bueno, hay que decir que finalmente es un destino turístico y parece que todo está programado para que, en el momento que llega el hambre, la comida está enfrente; de inmediato, presupuesto para todos los gustos y bolsillos…
Foto: Dereni Amador Rodriguez
El acercamiento a la vida debajo del mar.
 
En esta bahía existe un pequeño restaurante, al que asaltamos con clamatos y en nuestra hielera, lo necesario para los respectivos sándwich de atún. Así que comimos tranquilas, el lugar, se encontraba solo, por lo que la sensación de paz fue inevitable.
El sol seguía su ruta y parecía estar igual de cansado que nosotras, así que la jornada debía terminar antes de las 6.30, por lo que el camino de regreso en la lancha, fue el momento perfecto para compartir carcajadas, fotos, burlas por tragar tanta agua, y los indicios de que habíamos tomado sol en exceso eran evidente, al menos yo, me pongo como camarón recién cocido. Sobre todo por el snorkel.
Para las 8 de la noche, listas para pasear por Huatulco y sus calles mágicas que envuelven el estilo oaxaqueño, indígena y moderno reflejo en su centro y sus plaza, que a su vez es obligatorio hacer parada rigurosa para conocer un poco de su historia, de su comercio, ver artesanías, sentir la vibra de sus calles y arquitectura y debo decir, que lo que se vende es muy similar a lo que se encuentra en muchos destinos de playa de nuestro país, sobre todo cuando de recuerdos se trata, son los mismos ceniceros pero cambia el destino, aún así, el respectivo imán no pudo faltar ni los aretes artesanales de la plaza central.

Recordando al taxista y su frase: Huatulco es tranquilidad, descanso. Recorrimos la zona de bares y en verdad es que esperábamos un poco más de fiesta, que si bien existe, la realidad es que es muy tranquilo, si se descansa… Los bares se encuentran en una calle con algunos seis lugares y bueno, pero al ser pocos, la concentración se da en uno o dos, y nada más.
El segundo y último día, teníamos como única actividad: no hacer nada. Por $150 pesos una palapa proporcionaba la sombra necesaria, $80 pesos la renta del equipo de snorkel, $80 pesos para un tatuaje de gena muy playero, $20 pesos de taxi y lo demás fue impecablemente gratis.
Simplemente dejar pasar el domingo debajo de una palapa. Disfrutando del calor y de poder caminar unos pasos por la playa, bucear un rato, sumergirse en el pacífico por tiempos cortos. Ya cansadas del descanso aprovechamos este día para descansar más, dormir, comer… ver a los turistas caminar por la arena. Leer, sol y más sol, además de la exquisita comida mexicana, unas cervezas… se fue el sol, por ende el domingo y el regreso estaba más cerca. Regaderazo nos vamos.
Huatulco si es tranquilidad, amabilidad, hospitalidad, relajación. Playas solas y pequeñas. Playas que parecen perdidas entre los cerros, aisladas una de la otra, separadas y diferentes, Huatulco es acogedor.
Huatulco, es diferente, es único y variado, es tranquilo, sí, hay paz aún con gente, sigue siendo un ambiente familiar y con una forma de vida en la que parece no existir preocupaciones cotidianas. Huatulco es Oaxaca, es mágico.
Disfrutamos de una salida a nuestra propia cotidianidad, una tranquilidad que nos permitió apreciar de la naturaleza, de la forma de vida, de la paz del océano pacifico alejado de la fiesta, de la multitud, del ruido, de la sobrepoblación, del tráfico, de la cotidianidad del urbanismo… de nuestra  propia apreciación de vivir.
Huatulco es perfecto para hacer snorkel y bucear, es perfecto para descansar y pasar ratos largos de pasividad, para leer un buen libro bajo una palapa, tener una buena plática, sin presión, sin prisa, disfrutar un rico café por la mañana y una fría cerveza por la tarde, el sol en verano es intenso y pareciera que el mar cuenta con la temperatura perfecta para refrescarte.
Qué razón tenía nuestro amigo taxista, por eso estaba tan seguro que no era Acapulco, o Los Cabos, si, es otro ambiente, es un ambiente más natural, más austero, más tranquilo, se disfruta de otra forma, te alejaba de las multitudes y te permitía absorver paz terrenal, silencio puro, sensibilidad. 
A las 7 de la tarde,  vuelo de regreso. A las 8.30 de la noche ya en casa, en otra realidad, en la ciudad de México, la famosa por el tráfico, las prisas, el ritmo acelerado. Sentí que salí de una sala de cine para entrar a otra. 


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