Los ecuatorianos españolados

Cuatro años atrás conocí Madrid, y entre las muchas experiencias que ese viaje dejó, recuerdo el acercamiento que tuve con los ecuatorianos. No fue intencional, diría que fue inevitable. Me parece que bajo el contexto laboral y social, podría compararlos con los mexicanos en Estados Unidos, los mexicanos en Los Ángeles para ser más específica. 
Son los que te encuentras poco a poco, en las tiendas, los supermercados, restaurantes, en el aeropuerto, a la hora de pagar, de comer, de cuando caminas en la calle y hay una obra en construcción y la música latina se deja escuchar, los acentos, centros de atención, en las tabaquerías, en tiendas de suvenir, en fin… hasta que llega el punto de darte cuenta que están en diversas partes. 
Ecuador, un país con 15 millones de habitantes y grandes contrastes sociales, en 1999 sufrió una crisis financiera que marcó el rumbo de la moneda nacional, el sucre, generando una caída del 32% del PIB. La clase media del país, prácticamente desapareció y como por arte de magia, los ahorros de miles de ecuatorianos se esfumaron.  Esto dio paso a una gran migración de ecuatorianos, que entre los principales países a los que decidieron irse, España es uno de los más representativos. Hombres y mujeres de la República del Ecuador que aparentemente, están mejor en un país ajeno que en su tierra natal.
Es en España en donde el salario mínimo resulta no ser tan mínimo y que permite no sólo vivir, sino también enviar remesas e irónicamente, formar parte del movimiento económico de su país, pero desde la distancia. El incremento de migración ecuatoriana tiene más de una década y ya no se trata de individuos solos, sino de familias enteras que poco a poco han formado parte de esa población que llegó para trabajar y no se ha ido, posiblemente no se vayan. 
Hace un días, viajé a Asturias, al norte de España, y durante ese viaje, hice una parada por la capital, Oviedo, la segunda ciudad más poblada del Principado de Asturias, con poco más de 225 mil personas, que registró un crecimiento de población extrajera  en 1996 de 1, 130 personas, pero que creció a 16,500 en 2010, ese incremento lo encabezan los rumanos pero le siguen los ecuatorianos y después los colombianos.
Caminando por la ciudad, cerca de la estación del ferrocarril, vi una pendiente escalonada, y entre los espacios de escaleras, estaban unas bancas para sentarse, esperando que te dejes querer por el aire fresco y la sobra que dan los árboles, no sé que había hasta la parte alta, pero me pareció tan lindo el paisaje que quise simplemente subir.
Las bancas todas, de frente a la calle, a la vista de la ciudad, de quienes pasan, pasean, suben o bajan.  Al subir, había cuatro hombre en una de esas bancas, que al verme con Ana, una amiga Venezolana, como si nos identificaran no sólo como turistas sino como latinoamericanas, nos sacaron conversación.
Así conocí a Luis, Manolo, Milmer y Samuel, cuatro hombres ecuatorianos que tienen más de 10 años viviendo en Oviedo, todos trabajando en la construcción y aunque afirmaron tener papeles, me dio la impresión que no era así. Fue gracioso hablar de cómo ven a los españoles, pero sobre todo que su cariño por Oviedo los delataba al decir que en esa ciudad si los quieren, no como Madrid o Barcelona, decían.
Uno de ellos, el más joven, llegó por medio de una beca hace 14 años, físico matemático que dejó los estudios y ahora, trabaja para vivir y apoyar a la familia que también radican en esa ciudad.  Eso si, aseguran que no se les ha “pegado” el acento, sólo uno comentó  “joder” se había convertido en una muletilla. Pero que siguen siendo muy ecuatorianos. Y que si, la vida en Oviedo les gusta, está mejor y parece tener un mejor futuro. No saben si regresaran, saben que mañana trabajan y pasado también.
No fueron más de cinco o diez minutos entre que preguntaron de los días de visita, de dónde era originaria, que, al decir de Tijuana, la respuesta fue: cerquita de los grindos ¿no? Pero esos si son malvados, aquí no hay tanto problema; el tiempo suficiente para tener esa familiarización con los mexicanos en Estados Unidos, con los latinoamericanos, que al final del día, sólo buscan trabajar, ganar euros, ganas de mejorar, de vivir mejor. Lejos pero aparentemente mejor. Eso sí, los cuatro estaban tomando su respectiva cerveza bien helada, y claro, ofrecieron una. 

 

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