Petrona de Zinacantán

Zicatan Chiapas vce 04

Al llegar al poblado de Zinacantán, cerca de San Juan Chamula y San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, son niñas entre los 8 y 15 años las que te dan la bienvenida como foráneo. Así se presentó la pequeña Petrona de 10 años de edad. Saludó y nos invitó a conocer su casa.

La compañera de este viaje fue mi hermana, y parecía que éramos las únicas viajeras en ese pueblo, la plaza principal en pleno verano, no mostraba mucho movimiento, así que la propuesta de Petrona de conocer su casa no era tan mal idea, sobre todo por la curiosidad de ver a una niña simpática, con vestido típico y bella sonrisa, invitándonos al lugar donde vive.

Me pregunte: ¿Porqué no? ¿Qué hay en su casa? Y como no cargaba con una agenda de actividades que nos marcara cada paso del viaje, Petrona representaba la espontaneidad.

Caminamos un par de cuadras, pasamos viviendas que tenían las ventanas  abiertas por el calor, aún cuando el cielo estaba nublado; se veían las mesas con un florero, algunas con ollas de comida, los cuadros de la familia sobre la pared; y la gran mayoría de las puertas de estas casas, pintadas de colores mexicanos: rosa, azul profundo, morado intenso, todas dándole vida a las calles, a la población y a la pobreza también las acompaña.

Petrona nos guiaba y mientras, intentábamos saber más de ella, pero sus respuestas eran cortas, muchas se limitaban a un “sí “o “no”. Pero mi hermana parlanchina y yo reportera, diría que hablamos más de lo que esperábamos. Supimos  así, que cursaba la primaria en el pueblo, en las tardes después de la escuela se queda en la plaza con sus amigas a esperar a los turistas; su mamá trabaja todos los días con un telar en la cintura y viven de la venta de las artesanías.

Mientras más avanzábamos, visualizaba las casas de madera, el baño afuera, cortinas como puertas, pisos de tierra, perros en la calle, vegetación natural pero dispersa, desordenada. Quienes caminaban, vestían su ropa típica, que es de uso diario, por lo que notoriamente sobresale quien viene de fuera. Casa por casa hablaba de un poblado mexicano, pero también contrastante por ejemplo a San Cristóbal de las Casas, también en Chiapas.

Es aquí donde las mujeres se quedan en casa, pero no sólo a los deberes del hogar, sino también al trabajo de la artesanía. La mamá de Patrona lo representaba; al entrar a su hogar de bloques de adobe y piso de tierra, era ella quien se encontraba al centro con un gran telar en la cintura, bordando las ropas que ellos mismos vestían y las que exponen a la venta. No había sala, era un espacio de no más de cinco metros cuadrados que estaban decorados con prendas típicas, una mesa con diversos artículos y un altar que cubría una pared.

Patrona se encargó de todo, la mamá nunca dejó de trabajar y poco caso nos hizo. Fue la niña que, como guía, nos enseñó su casa, las prendas que vende y el vestido de novia típico de Zinacantán,  la cocina que dejaba ver unas ollas colgadas en la pared y una mesa con sillas.

De pronto la veo que agarra un enorme camisón y me empieza a vestir, me explicaba que ahí se casan como a los 15 o 16 años, y que era la jefa de familia quien lo bordaba con detalle, es decir, me estaba vistiendo de novia de Zinacantán.

Así entendí porqué Patrona nos llevó a su casa. Son las niñas las promotoras de su pueblo y de su vivienda, del también taller y negocio familiar como una forma de aprovechar el interés de los visitantes por conocer Zinacantán de cerca y con mayor garantía de compra. Después de estar una o dos horas en su casa, inevitablemente te llevas algo en la mano, en el brazo o en la mochila.

En Zinacantán habitan cerca de 30 mil personas que pertenecen al grupo étnico de la familia maya, sometido por la corona española que se acompañaban por los Aztecas y Tlaxcaltecas por allá, en el año de 1486, en el Virreinato de la Nueva España.

Desde sus orígenes, han sido reconocidos como negociadores y comerciantes, en el pasado el trueque llegó a ser una actividad de intercambio mercantil en Mesoamérica; por ejemplo se intercambiaban sal y ámbar con los mexicas.

Cabe destacar, que en Zinacantán, como la mayoría de los pueblos de Chiapas, se denota la pobreza, las carencias económicas de la gente, así como un alto nivel de analfabetismo que rebasa el 50%.

Entonces, dude si realmente la pequeña Petrona va a la escuela, o aprovecha las tarde en la plaza central esperando a visitantes como nosotras, que estábamos abiertas y con el interés de conocer Zinacantán.

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2 comentarios en “Petrona de Zinacantán

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