Nao Victoria en Barcelona

Es el sueño que empezó Fernando y culminó Victoria. La Victoria le decían. La bautizaron con ese nombre por la iglesia de Santa María de la Victoria de Triana (un distrito en Sevilla, España); nació en el País Vasco, hija de los astilleros de Zaraus, es un pueblo pescador que hoy se conoce como “La Reina de las Playas”,  por ser una de las más largas de esta región; los astilleros ya no existen, no se conoce rastro alguno de ellos.

Fernando nació en Portugal. A los diez años, entró a servir como paje a la corte de la Reina Leonor; a los 25 se alistó a la Armada de la India, un grupo de flotas que coordinaba la corona de su país en un viaje anual. Se casó y tuvo dos hijos, uno murió al nacer y uno más, falleció aún siendo niño. Fernando era un navegante, participó en expediciones en África y la India, entre otros. Después de no encontrar aceptación en su país, se fue a España y se nacionalizó.

Fernando y Victoria se conocieron un septiembre, en San Lucas de Barrameda, junto con San Antonio, Trinidad, Concepción y Santiago, acompañados de 266 hombres. Fue en 1519 en un viaje que terminaría tres años después con menos hombres y con menos embarcaciones, con pérdidas y muertes; con desconocimiento del descubrimiento. Un viaje que cambiaría el mundo de la navegación, el de los viajes, el de las distancias  y el de los mares.

La Ruta de Nao Victoria y Fernando Magallanes

Ruta de Magallanes

Fernando Magallanes,  no encontró en su país eco para la navegación.  A los 36 años había sido herido tres veces, una de esas heridas lo había dejado cojo; pidió a su corona aumento de pensión y no lo consiguió, tampoco aceptación a sus proyectos de navegación. Decepcionado y confundido se fue a España tratando de explorar un estrecho desconocido hasta ese entonces.

España y Carlos I le dieron a Magallanes el impulso requerido. La corona española proporcionó las cinco embarcaciones para la expedición: Trinidad, San Antonio, Concepción, Santiago y Victoria. Las cláusulas firmadas por Magallanes y Rui Faleiro, especificaban que como parte de ese trabajo a ellos y sus descendientes, les correspondería el gobierno de todas las tierras encontradas, además de una vigésima parte de las ganancias que obtuvieran en los descubrimientos.

El viaje fue desde complejo, satisfactorio, descubridor hasta encuentros con la muerte. Las embarcaciones tardaron en llegar a Brasil; en el Mar Dulce, Magallanes se dio cuenta que iba por una ruta equivocada; esperó una primavera en San Julián, en Patagonia, teniendo que sofocar además, una rebelión. Dos de sus cabecillas fueron ejecutados y otros dos abandonados;  una de sus naves que llamó el Estrecho de Todos los Santos, se amotinó y regresó a España. Se enfrentó a turbulencias, hambre y aislamiento por semanas y meses. Tardó tres años en llegar a Filipinas.

La galleta que comíamos ya no era pan sino un polvo lleno de gusano que habían devorado toda su sustancia. Además, tenía un olor fétido insoportable porque estaba impregnada de orina de ratas. El agua que bebíamos era pútrida y hedionda. Por no morir de hambre, nos hemos visto obligados a comer los trozos de piel de vaca que cubrían el mástil mayor a fin de que las cuerdas no se estropeen contra la madera… Muy a menudo, estábamos reducidos a alimentos de aserrín; y las ratas, tan repugnantes para el hombre, se habían vuelto un alimento tan buscado, que se pagaba hasta medio ducado por cada una de ellas… Y no era todo. Nuestra más grande desgracia llegó cuando nos vimos atacados por una especia de enfermedad que nos inflaba las mandíbulas hasta que nuestros dientes quedaban escondidos… “  Así lo escribió Antonio Pigafetta, cronista de la expedición.

Un mes de abril, Fernando desembarcó en una tierra que lo recibió con flechas, forzando la retirada, fue herido. Cojo, no pudo salvarse y los indígenas terminaron de darle muerte.

Ese viaje no concluyó, siguió con 108 hombres y tres embarcaciones que para 1522, en febrero, Juan Sebastián Elcano, al frente de Victoria terminaría la ruta. Concluía un viaje que regresaba con 17 hombres y una de las cinco embarcación: Victoria.

490 años después Victoria sigue paseándose en las aguas del mundo. En 1991, se construyó una replica  de la embarcación con motivo del bicentenario del descubrimiento exhibiéndose en Sevilla durante 1992 y lanzada al mar nuevamente. La réplica de Victoria, hoy Nao Victoria como el nombre de su propia Fundación, ha recorrido más de 22 países.

Después de años de investigación, Ignacio Fernández, diseñador y también constructor quiso abrir la puerta a la historia del mar y los viajes, vivir las sensaciones de la relevancia de Nao Victoria, reconstruyendo un sueño alcanzado. El de la primera embarcación que le dio la vuelta al mundo. Sólo nos queda esperar que uno de los puertos más cercanos sea parte de esa ruta, ¿o no quisiera pisar este barco querido lector?

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