La Rumorosa, la montaña

Es común que en temporada invernal, los medios de comunicación utilicen encabezados o títulos de notas como: Cierran la Rumorosa, re abren la Rumorosa, primera nevada en la Rumorosa; y cuando ocurren accidentes, cambian a: Volcó su vehículo y murió al momento. Trágico accidente en la Rumorosa: un muerto; operativo en marcha en la Rumorosa, iban a San Felipe y nunca llegaron, el exceso de velocidad les costó la vida.

Historias que se convierten en leyendas. Dicen que un chofer de tráiler, manejaba con dirección a Mexicali por la Rumorosa y se mató, lo estaba esperando su esposa que se encontraba en periodo de parto, pero él nunca llegó. Cinco años después un chico detuvo su marcha en la carretera, se bajó de su auto para ayudar a un hombre que se había accidentado. El trailero le pidió entregar un sobre a su esposa que estaba por dar a luz. El chico lo hizo, sin imaginar la respuesta que recibiría por parte de la viuda cuando él tocó a la puerta de su casa.

Son historias que forman parte de una carretera que une a dos ciudades. Un camino de veintiocho kilómetros entre Tijuana y Mexicali que pertenece al municipio de Tecate, Baja California. Un tramo de poco más de treinta minutos de camino que ha sido el último suspiro de cientos de personas que iban o venían. No es autopista para carros chatarras, con malas llantas o problemas de alineación. Es un camino difícil de cruzar, peligroso, imponente y grande en su belleza. Esta montaña de Baja California tiene una personalidad poderosa.   

La Rumorosa es esa carretera que forma parte del poblado La Rumorosa, en la montaña la Rumorosa. Mi historia con esas tres, se fortaleció durante casi dos años. Los lunes salía de Tijuana entre las cinco y seis de la mañana para tomar camino hacia Mexicali y los viernes manejaba de regreso entre cinco y seis de la tarde (ruta de dos horas y media). Una costumbre que no imaginé me amarraría a un camino que dio desconexión y reconexión.

Pero lejos de aquellos encabezados, la relación que trazaría con ese camino fue otro. Varias epifanías surgieron en esa ruta, y, con ese camino blindado es casi una garantía. No hay señal para el celular, no la hay para el nextel, tampoco se puede sintonizar alguna estación de radio permanente. Así que, o seleccionas tu propia música con la atmósfera de tu estado de ánimo, o simplemente optas por el audio ambiente que también es entretenido

Si de comida se trata, no fallaban los burritos antes de entrar a la Rumorosa; en el poblado están los tacos al vapor que se comen en dos mordidas cada taco, acompañado de agua fresca y verduras; sobre ese mismo camino está la Casa del Abuelo, el restaurante de comida casera mexicana, una cabaña acogedora que ofrece toda clase de desayunos mexicanos, acompañados de frijoles o nopales, jugo de naranja y claro, café de la olla. Si de comida rápida se trata, nunca falta la tiendita de las casetas del peaje.

Amaneceres y atardeceres. Se magnetizan las emociones que se carguen en la cajuela, los problemas ahí pesan más. Esas rocas o sientes que te abrazan o que te aplastan y que en cualquier momento te caerá encima del carro . Por otra parte, los momentos de buenas o de poder dejar la mente en blanca y sentir felicidad, dejan fuera el espacio para el copiloto, toman otro sabor de libertad manejando en esta carretera. Pasan muchas cosas durante dos horas en solitario. Siempre hay algo.

Es limpia, ordenada y si bien peligrosa, los señalamientos marcan la pauta del camino y recuerdan una y otra vez los límites. Las manos en el volante te hacen gozan las curvas y el aire, sobre todo cuando se siente correr y hace calor. Mexicali al fondo cuando bajas, Tecate al regresar cuando subiste. Durante los amaneceres y atardeceres, es ideal para manejar: menos tráfico, más tranquilo y ni tan oscuro ni tan luminoso.

No me cansé de los colores del día, ni de la tensión de las curvas que se vuelven adictivas. No me cansé de manejar por esa carretera que atraviesa el poblado y que forma parte de esa montaña, una montaña en medio de un desierto de zona rocosa, en donde el aire y esas piedras crean un lenguaje, rumoran. Mi historia con la Rumorosa es una historia que une a Tijuana y Mexicali.

Texto publicado en: Zona Lider

2 comentarios en “La Rumorosa, la montaña

  1. José'nin dijo:

    Muy interesante esta entrada. A mi también me atraen los lugares misteriosos y solitarios, carreteras que unen ciudades y que ofrecen tras la ventanilla un paisaje desolado (al menos así parece por las fotos). Un saludo!

    Me gusta

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