¿Qué por qué viajo?

Es una inyección de vida. El dinero es sólo el intermediario para ir y venir y nunca el objetivo. Me escapo, me encuentro y me pierdo. Cada viaje es distinto y me regresa distinta. Respiro paz. Un paisaje me calla los pensamientos y altera mis sentimientos.  Para comprender que no somos nada. La vida son dos minutos, si, dos. Esa sensación al llegar a un sitio nuevo. El mundo está muy loco como para quedarme quieta. Me circula la sangre. Llega un punto en el que nada tiene sentido. ¿Qué por qué viajo? ¿Por qué no?

Viajo cuando bajo a comprar el pan. Viajo cuando decido caminar y no subir al coche o usar el metro. Viajo cuando me subo al metro. Cuando compro un billete de avión, cuando imagino qué meteré en la mochila, imagino el clima, las necesidades, la información, lo que me espera. Viajo en la sala de espera del aeropuerto, en la fila para pasar los filtros de seguridad, cuando me sellan el pasaporte o me hablan en otro idioma. Viajo cuando mi paladar se sorprende y me sorprende, cuando subo una montaña, recorro un país o me siento en una banca a ver pasar a la gente.

Viajo cuando escucho voces y no reconozco las palabras. Cuando recuerdo que la comunicación no sólo es verbal y que siempre podré comunicarme para lo más básico. Viajo porque me siento cómoda caminando en una calle que no conozco, porque quiero volver a pasar por la misma calle e intentar no sacar el mapa. Viajo cuando entro a un nuevo museo, cuando bailo, canto, escribo, leo. Viajo cuando me pierdo en una conversación, cuando se me van las horas en una comida. Viajo cuando se me ha ido el avión, cuando me he quedado sin dinero. Cuando mis ojos no comprenden lo que ven, cuando no entiendo una tradición, cuando lo que huelo no sé si es comida. Viajo con mis fotos, cuando recuerdo.

No me interesa el peinado, ni la ropa pero siempre me preocupo por mis pies. Opto por la comida de calle, la fiesta en la calle. Me gusta con odio tener que contar los centavos y estirarlos, aunque acabo con la sensación de haber viajado como marquesa. Me torno un bebe curioseando. No me afectan las distancias. Lo lejos nunca no lo es tanto y siempre pasa algo que lo hace más corto. No me aburro.  Cada viaje me da una arruga más, una peca  y me quita un par de kilos.

La necesidad y la sensación de vivir sin que nada tenga porque tener un sentido me la da el viajar. Es curioso, no se trata de que lo tenga. Prefiero el tren o el carro, pero el avión es lo más rápido. Mi economía gira en costos de boletos de avión, en días de viaje. No tengo una báscula para mi peso, sino para mis maletas. Cada vez llego más con amigos que a hostales. Mis mayores tesoros son mis cuadernos de viaje. Prefiero novela histórica y biografías que guías. Soy de las que guarda los tickets, los recibos, los papelitos como suvenir. Hace tiempo que dejó de importar qué día de la semana es.

Viajo porque aprendo.

2 comentarios en “¿Qué por qué viajo?

  1. Carlos Miranda dijo:

    Realmente me encantó tu entrada, al igual que tú amo viajar, no importa el donde, el cuando. el como o el por qué, lo que importa es emprender ese camino donde las hojas del viaje no están escritas y que cada letra se escriben segundo a segundo con cada paso del caminar! 🙂 Quizás te guste alguna publicación de mi blog! Saludos de un Chileno en Colombia!

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