La Torre Bellesguard de Gaudí

Antoni Gaudí ante todo era un catalán orgulloso, detallista y creativo que reflejaba su identidad en sus piezas arquitectónicas. Cuando la familia Figueras le pidió que llevara a cabo esta obra, no hacía falta convencerlo, se trataba de una pieza más para resaltar la corriente del modernismo gótico catalán: el catalanismo, la religiosidad y la naturaleza. Todo entre cerámica, vidriería, carpintería y herrería. La Torre Bellesguard fue un castillo, un consultorio, un hospital, un refugio y regresó a su origen, una vivienda que desde septiembre del 2013 abrió sus puertas para mostrarle al mundo por primera vez, uno de los secretos mejor guardados de Barcelona.

¿Cómo es que este rincón nadie lo conocía? ¿Por qué acaba de ser abierto al público? Fue lo primero que me pregunté al pisar esta casa que además, está alejada de las zonas más concurridas por los foráneos. No se escucha a los coches pasar, su calle es tranquila, apenas y te encuentras gente caminando, entrando o saliendo de su casa. La historia de la que todavía es una vivienda, tiene mucho más que contar que los detalles de la arquitectura de Gaudí.

Este castillo cuenta con indicios de que tiene más de dos mil años de vida. Se encontraron restos de cerámica ibérica del siglo II antes de Cristo y cerámica romana del año L después de Cristo. Su historia más relevante es haber sido la residencia real del monarca Martí I el Humano, Rey de la Corona de Aragón (1356 y 1410), quien le dio a esta casa, con su vida misma, la misión y la visión para que siglos después, Antoni Gaudí la convirtiera  en una joya arquitectónica vestida de castillo, rodeada de una muralla, con una torre y un jardín.

Este Rey nacido en Girona, padecía de severas complicaciones respiratorias que lo llevaron a alejarse de la muralla de la ciudad, de la humedad del mar y a refugiarse en la  montaña. El aire fresco y la altura le permitían tener un mayor control de su salud y una clara visibilidad del puerto. Años antes había enviudado y se había quedado sin herederos. Ese cambio de residencia representó la búsqueda de su legado con un nuevo matrimonio. Pero un año después de mudarse al castillo, Martin I de Aragón falleció, convirtiéndose en el último catalán de la corona de Aragón, el último representante del Casal de Barcelona. Para principios de 1900, la familia Figueras y Gaudí, encontraron en esta historia la inspiración para reconstruir lo que sería una casa de veraneo y un homenaje regional.

 

La Torre de Bellesguard, recibe con una muralla que guarda restos de la original. Allí se encuentra el escudo de armas de la corona de Aragón, con sus cinco franjas verticales. Más adelante, te topas con una fachada compleja y recargada de mensajes y símbolos. ¿Todo tiene un significado? Aún se siguen buscando los porqués de varios detalles arquitectónicos. En su parte más alta se encuentra la cruz tridimensional de cuatro brazos imitando a los cuatro puntos cardinales, con una altura de 33 metros, la edad de la muerte  de Jesucristo. Abajo la corona de Aragón y la corona de Martin I el Humano con la señera, símbolo catalán. Los tres balcones representan la Santísima Trinidad.  En el ventanal una estrella de Venus, la diosa de la fertilidad y estrella de Belén. En esa entrada se ubican dos bancos, uno de ellos,  con la imagen de un delfín, encima la corona y las cuatro barras catalanas que tienen de fondo la montaña de Monserrat y con ella, la fecha de 1410 con el sol poniéndose: la fecha de la muerte del  Rey de la Corona de Aragón.

Una vez dentro, pasas de la frialdad de un castillo  al calor de un hogar acogedor: paredes y techos blancos, espacios llenos de luz, plantas al ras de piso, mosaicos de Sant Jordi y una gran lámpara de hierro forjado, al igual que las escaleras, las rejas de la entrada y las ventanas. El detalle de la herrería destaca en toda la casa, por dentro y por fuera.

La Familia Guilera es la propietaria de la Torre Bellesguard desde 1944. Lluis Guilera Molas compra Bellesguard para hacer un hospital modernista como el de Sant Pau, dedicado al tratamiento del cáncer, a su muerte, su hijo mayor, Lluís Guilera Soler, también médico, hereda la casa y el hospital, por lo que hay catalanes que nacieron en este espacio hasta 1974. Debido a las barreras arquitectónicas, el hospital se traslada y desde ese momento, Bellesguard se utiliza para lo que Gaudí la diseñó, un hogar. Amélia Roche, viuda de Lluís Guilera, sus cinco hijos y sus siete nietos habitan esta casa que está por cumplir 70 años bajo su apellido.

Queremos la casa, queremos conservarla y poner en valor su importancia como parte de nuestro patrimonio artístico, histórico, arquitectónico y cultural, que Bellesguard ocupe el lugar de honor que le corresponde entre las obras de Antoni Gaudí, como una de sus obras más singulares, especiales y únicas, y sin duda, la que tiene más historia”.

La escalera a partir del segundo piso se vuelve estrecha hasta la terraza, y por allí pasas por esas puertas en donde la familia Guilera habita. La curiosidad no fue telepática como para provocar que alguien de la familia entrara o saliera y con ello, poder agudizar la mirada y ver más allá. Así que ese camino termina en la parte superior donde se encuentra la sala de música, en donde puedes hablar y escuchar una acústica perfecta. El sonido viaja y rebota pero no hay eco, son unos arcos los que consiguen esa calidad de sonido. Espacio rodeado de ventanas que dejan entrar la luz conforme pasan las horas y con ello, cambiando el paisaje y sus espacios.

Cuando creí que había recorrido la casa, olvidé que faltaba el mayor respiro y principal privilegio de la Torre Bellesguard: Barcelona a la vista. El mar y la montaña como postal de una ciudad que deja ver en sus picos  los detalles arquitectónicos que la definen, sus grúas trabajando en reconstrucciones. Si estiras el brazo, tocas el mar mediterráneo y al mismo tiempo, hueles la montaña. Allí arriba está el dragón, su cara y sus ventanas como dos grandes ojos que acompañan a los agujeros de la nariz.

Gaudí tenía razón: El gran libro, siempre abierto y que tenemos que hacer un esfuerzo para leer, es el de la Naturaleza. Su trabajo en Bellesguard es un realce a la luz, a los espacios y a lo natural. Falta con llegar al punto más alto para respirarlo y entonces, entenderlo.

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