Del Presidentes a Nou Barris

El 08042 es el código postal del barrio. Cuando digo barrio me refiero a mi colonia, a mi fraccionamiento, porque aquí se llaman barrios y no son precisamente de mala muerte, sino barrios. No sé cuál sea la extensión o si es uno de los más grandes o pequeños de la ciudad de Barcelona, pero definitivamente estoy lejos de los turistas, estoy al norte de la ciudad histórica, de la glamurosa, de la gótica. Aquí no llegó la mano de Gaudí ni de Domènech i Montaner, lo que aquí ha llegado es el crecimiento poblacional que vive bajo la identidad catalana, esa integrada también por otras.

Nou Barris es de los nuevos barrios y al mismo tiempo de los viejos que fueron fusionados, absorbidos, por eso lo del nou-nueve. Mis vecinos del primero son bolivianos, los del segundo franceses, la Rafi es sevillana y nosotros, un catalán y una mexicana. Familias con diferentes necesidades, horarios de comida, de estilos musicales, hábitos de limpieza y convivencia, pero que, integrados a la forma de vida del barrio, todo lo que podríamos necesitar en nuestro día a día, lo encontramos sin salir de aquí, de nuestra pequeña ciudad.

El parque de la Guineueta es nuestro Central Park. ¿Necesitas un estropajo? La tienda de chinos no falla, tan maravillosamente surtidas y baratas; aunque sean productos de una noche, te sacan de un apuro. Una costurera peruana que no te voltea a ver cuando entras, ni cuando le cuentas qué necesitas pero, es costurera. Un zapatero ecuatoriano que te arregla lo que sea, aunque no se lo pidas. Una rosticería de catalanes que si les llamo por teléfono antes de las tres de la tarde, me guardan un pollo para bajar y pasar por él, sobre todo los domingos que escasean. Un café que sirve zumos naturales de naranja y que me prepara el bocata como se lo pida. Dos cadenas de mercado y una tienda de fotografía que alimenta mi gusto por imprimir fotos. Un locutorio, una frutería, varios bares que dejan clara su ideología anti o pro españolas y catalanas; cajeros automáticos, zapaterías, calles para caminar y pasear, plazas públicas, un centro cívico con una gran biblioteca con wifi y todo, todo lo tengo a menos de quince minutos sin necesidad de moverme en metro o bus, es cuestión de dar unos cuantos pasos.

Pero claro, ¿qué barrio es perfecto? Como en las mejores familias. En el café de enfrente, de once de la mañana a dos de la tarde, en ese horario, los hombres salen a fumar y a gritar sobre los problemas del país, los errores del último partido de fútbol o las apuestas para el siguiente. ¡Gritan! Gritan en una esquina que también hace eco y da la impresión que los tengo a todos en el otro cuarto; es la hora de la comida la única que los calma. En la noche, en la otra esquina, como si de bandas se tratara, se juntan los chicos que no tienen preocupación por levantarse temprano ni tampoco se cuestionan por qué solo se escuchan sus voces en la calle. Ahí están, charlando, carcajeándose, mirando fotos y vídeos en su móvil, burlándose uno del otro y así todos los días de la semana, con sus altos y sus bajos.

Entre la migración, la del comercio y la que reside en Nou Barris, están los de toda la vida, los catalanes que le dan el sabor tradicional al barrio. Sí, hay bares con banderas latinoamericanas, pero son bares al más estilo catalán, con sus bocatas, butifarra, cañas, la clara, el tinto de verano; la música es latina pero la comida es regional. Enfrente de mi finca, una pareja de ancianos vende desde hace varias décadas, vino artesanal, vino en barricas de roble; llevas tu botella o tu bote de plástico y te lo llenan. Las chicas del mercado, las de la pescadería, están allí destripando pescado desde hace veinte y treinta años, todas mujeres, por cierto. Cuando hace sol, los ancianos se adueñan de las bancas del parque, igual que las mujeres mayores que se sientan a ver al que pasa, a mirar cómo pasa el día en el barrio.

Nou Barris es como un pequeño reflejo de Barcelona. Mezclada entre el español latinoamericano y el castellano con el catalán. Es una pieza del mosaico, del cuadro pintado de colores vivos, opacos, oscuros, brillantes; pintado por tonalidades y nuevos matices que hacen del barrio uno contemporáneo, con su historia que en unas décadas, podrá definir su corriente, su estilo que aún hoy se está forjando.

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