Viajar a Bergen para cuidar a un gato

Un hombre le pregunta a un niño de Bergen,

¿es verdad que en Bergen llueve siempre?

El niño responde: No lo sé. Yo sólo tengo diez años.

Fueron dos días de diez completamente soleados: cuando llegué y cuando me fui. Siempre usé el paraguas, lo usé menos de lo que pensé pero siempre usé el paraguas. La lluvia y la humedad hicieron de mi cabellera el mejor remedio para el frío, y a pesar del clima invernal en primavera, nada me impidió caminar Bergen para entender Noruega. Se trataba del primer país nórdico que visitaba y la primera vez que viajaba para cuidar a un gato. Un gato negro, Lennon.  

Saliendo del aeropuerto llegué a la parada del autobús con dudas: ¿Será este?, ¿será el que viene?, ¿dónde guardé la dirección de Cristina? Un hombre uniformado, que después supe que era el conductor, debió notar mi confusión, se acercó y me orientó. Dos conductores más me auxiliaron en distintos momentos del trayecto. “¡Vaya -pensé- qué amables son los trabajadores del transporte público noruego!”. Una amabilidad discreta con un trato impecable. Lo mismo los pasajeros, no hablan pero no molestan. El transporte huele a fierro, huele a plástico, huele a nuevo.

Seguir leyendo:

Viajar a Berger para entender Noruega

 

 

 

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